Recomendaciones Técnicas – INTA AMBA: Cultivo de Gerbera

La Gerbera (Gerbera jamesonii) es una herbácea que pertenece a la familia Asteraceae. Esta planta, si bien puede vegetar varios años, comercialmente su mayor productividad la tiene durante 3 meses: pasado ese tiempo disminuye su producción.

El cultivo necesita suelos ligeros, aireados y profundos, que posibiliten el desarrollo del sistema radicular de la planta. Deben tener un buen drenaje, para evitar capas compactadas y la infección de hongos que afectan el cuello y el sistema radicular. Si se incorpora materia orgánica deberá estar bien fermentada para evitar enfermedades y quemaduras en el sistema radicular.

El riego tiene que ser aéreo o localizado. De 15 a 20 l/m2 de agua, después de la plantación, y de dos a tres riegos diarios hasta que la planta se asiente, manteniendo el terreno húmedo, aireado y sin encharcamientos. Una vez que las plantas hayan enraizado, los riegos serán más distanciados.

La temperatura del suelo influye sobre el diámetro de la flor y la longitud del pedúnculo. En tanto, la temperatura ambiental interviene en la emisión de hojas, su crecimiento y la velocidad de floración.

En la Gerbera aunque la luz ejerce su influencia en la emisión de los brotes laterales, estos aumentan en días cortos. La luz influye en el diámetro del pedúnculo floral, en el color y en la tonalidad de las flores.

Es importante realizar el deshojado del cultivo, durante la primavera siguiente a la plantación. Esta labor consiste en eliminar hojas o las partes de la planta que impiden una correcta iluminación y ventilación, y que, a la vez, son el foco de enfermedades.