En el Día Mundial del Medio Ambiente, asesora técnica de BASF destaca el rol clave de la innovación para producir más con menor impacto ambiental.
En un contexto de cambio climático y creciente demanda de alimentos, la agricultura argentina avanza hacia un modelo más productivo y sustentable, apoyado en la ciencia, la tecnología y las buenas prácticas.
La industria agropecuaria enfrenta hoy el desafío permanente de seguir produciendo alimentos en cantidad y calidad suficientes para una población en crecimiento, en un contexto marcado por la variabilidad climática, las exigencias de los mercados internacionales y la necesidad de cuidar los recursos naturales. Garantizar el acceso a alimentos seguros, nutritivos y de calidad se ha convertido en una responsabilidad central para toda la cadena productiva.
Si bien el sector no puede controlar todas las variables externas que influyen sobre la producción, sí cuenta con una herramienta clave para avanzar en ese objetivo: la innovación tecnológica aplicada al agro. La adopción de tecnologías permite mejorar la eficiencia productiva, fortalecer la seguridad alimentaria y asegurar el cumplimiento de normas internacionales de calidad, al tiempo que contribuye a una producción más sustentable.
Sequías prolongadas, eventos climáticos extremos, plagas y enfermedades son hoy parte del escenario productivo. Frente a este contexto, mejorar la productividad por hectárea sin expandir la frontera agrícola se vuelve una condición central para el desarrollo sostenible.
En este sentido, la tecnología cumple un rol estratégico. La adopción de semillas mejoradas, productos de protección de cultivos más eficientes y herramientas de agricultura de precisión permite aumentar los rindes, optimizar el uso de insumos y reducir el impacto ambiental, en línea con los objetivos que promueve el Día Mundial del Medio Ambiente.
La experiencia local demuestra que el aumento de la producción no necesariamente implica mayor uso de recursos. Por el contrario, prácticas como la siembra directa, la rotación de cultivos, los sistemas integrados y la digitalización del manejo agronómico han permitido mejorar la eficiencia productiva al tiempo que se preserva el suelo, el agua y la biodiversidad.
Antonella Beccari, Ingeniera Agrónoma y desarrollista Técnica de Mercado (DTM) en Pampa Húmeda Centro de BASF expresó: “Hoy contamos con herramientas que permiten producir de manera mucho más eficiente y precisa como la agricultura digital, el monitoreo satelital, los ambientes productivos, sensores, aplicaciones selectivas y genética adaptada a estrés, entre otras. Todas estas tecnologías ayudan a tomar decisiones basadas en datos. En el caso de la agricultura de precisión permite ajustar densidad, fertilización y protección de cultivos según el potencial de cada ambiente, optimizando el uso de insumos y reducción de pérdidas. En ese sentido, la combinación entre tecnología y buenas prácticas agronómicas es lo que permitirá producir más conservando recursos y mejorando la eficiencia del sistema productivo”.
Cultivos como la soja, el maíz y el trigo son un claro ejemplo de este proceso. En las últimas décadas, los rindes promedio crecieron de manera sostenida gracias a la inversión en investigación y desarrollo, el trabajo articulado entre el sector público y privado y la rápida adopción tecnológica por parte de los productores.
Este camino posiciona al país como un actor clave en la provisión de alimentos a nivel global, pero también como un país con potencial para liderar una agricultura más sustentable, alineada con los compromisos ambientales internacionales.
En el día a día, miles de productores ya integran tecnologías que permiten producir de manera más responsable. Soluciones de agricultura digital, aplicaciones localizadas de fitosanitarios, manejo inteligente de malezas y el uso creciente de productos biológicos contribuyen a reducir el consumo de agua, energía y combustibles, además de disminuir la huella de carbono.
Desde el sector privado, empresas como BASF impulsan este proceso a través de una fuerte inversión en investigación y desarrollo, con el objetivo de ofrecer soluciones que combinen productividad, rentabilidad y cuidado ambiental, acompañando a los productores frente a los desafíos del presente y del futuro.
“El futuro del agro argentino estará muy ligado a la adopción de tecnologías que aumenten eficiencia, estabilidad productiva y trazabilidad ambiental. El desafío no es solo desarrollar tecnologías, sino lograr una adopción eficiente en el campo y para eso será clave la capacitación técnica, el acompañamiento al productor y la generación de información local confiable que permita transformar innovación en resultados concretos”, aseguró Beccari.
Argentina tiene una enorme oportunidad porque combina capacidad técnica, productores muy profesionalizados y experiencia en sistemas productivos eficientes.
En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, el mensaje es claro: la sostenibilidad no es una meta a largo plazo, sino una práctica que ya está en marcha en el sector del agro. La clave hacia adelante será profundizar la adopción de tecnologías, ampliar el acceso al conocimiento y seguir fortaleciendo las buenas prácticas agrícolas.
Producir alimentos de calidad, cuidar los recursos naturales y contribuir al desarrollo económico del país no son objetivos contrapuestos. Por el contrario, cuando la ciencia y la innovación se integran al trabajo del productor, el resultado es una agricultura más resiliente, eficiente y alineada con las demandas ambientales de la sociedad.


