Legumbres de invierno: potencial para diversificar y fortalecer los sistemas productivos

Durante el panel “Legumbres de Invierno: el negocio de diversificar, intensificar y potenciar el sistema productivo”, desarrollado en el Congreso Aapresid, el ingeniero agrónomo Gabriel Prieto, analizó, junto a su par Adrián Poletti, los principales desafíos agronómicos de la producción de arvejas y lentejas y destacó su aporte para mejorar la rentabilidad, la estabilidad de los cultivos y la sustentabilidad de los planteos agrícolas.

En el marco del Congreso Aapresid, realizado en la ciudad de Rosario, el ingeniero agrónomo Gabriel Prieto, integró junto a Adrián Poletti, director de Adrián Poletti y Asociados, el panel “Legumbres de Invierno: el negocio de diversificar, intensificar y potenciar el sistema productivo”, donde expuso sobre los principales aspectos agronómicos, comerciales y de geopolítica que determinan el éxito de los cultivos de garbanzo, arveja y lenteja.

Durante su presentación, Prieto explicó que uno de los ejes centrales estuvo puesto en la sanidad de los cultivos, debido a la elevada presión de enfermedades registrada durante la campaña, favorecida por las condiciones ambientales. En ese sentido, sostuvo que “apuntamos básicamente a aquellos aspectos que hacen al éxito del cultivo, tanto productivo como económico”.

El especialista señaló que, incluso en lotes implantados con semillas tratadas, se observaron síntomas de enfermedades desde estadios muy tempranos, una situación poco frecuente para la región. Por ello, remarcó la importancia de realizar un seguimiento permanente de los lotes para lograr intervenciones oportunas y eficientes.

“El monitoreo debía ser permanente y continuo porque, si bien se podía actuar con éxito en todos los estadios, se tornaba antieconómico si no se ingresaba en forma oportuna”, afirmó, al tiempo que destacó que la correcta planificación permitió optimizar los recursos destinados al manejo sanitario.

UN CULTIVO QUE APORTÓ SUSTENTABILIDAD
Más allá de los aspectos sanitarios, Prieto destacó el creciente protagonismo que adquirieron las legumbres de invierno como herramienta de diversificación frente a los tradicionales esquemas de trigo/soja. Según explicó, estos cultivos aportaron múltiples beneficios al sistema productivo, tanto desde el punto de vista agronómico como económico.

En ese sentido, indicó que las arvejas y las lentejas contribuyeron a mejorar el manejo de malezas y favorecieron la fijación biológica de nitrógeno, reduciendo la extracción del nutriente desde el suelo. “Las legumbres permitieron una menor extracción del nitrógeno nativo del suelo por esa fijación”, destacó.

Asimismo, explicó que el ciclo más corto y el menor consumo de agua respecto de otros cultivos de invierno favorecieron el desempeño de los maíces de segunda, que en el sur santafesino alcanzaron rendimientos de entre 8.000 y 10.000 kilos por hectárea, aportando mayor estabilidad y mejores márgenes al sistema agrícola.

No obstante, el profesional advirtió que las enfermedades vasculares continuaron siendo el principal desafío para la producción, especialmente aquellas provocadas por Fusarium, para las cuales aún no existen herramientas de control químico o genético plenamente efectivas.

REDUCIR RIESGOS Y POTENCIAR EL NEGOCIO
Frente a ese escenario, Prieto hizo especial hincapié en la necesidad de planificar adecuadamente las rotaciones para disminuir la presión de enfermedades y preservar el potencial productivo de los lotes.

“Era recomendable, especialmente en un año húmedo como este, espaciar la arveja en la rotación entre cuatro y seis años para evitar o reducir significativamente el impacto de estas enfermedades”, explicó, al advertir que las rotaciones demasiado cortas habían provocado importantes fracasos productivos en distintas zonas de la región.

Finalmente, el especialista sostuvo que existe un amplio margen para incrementar la superficie destinada a legumbres sin desplazar al trigo dentro de los planteos agrícolas. “Esta posibilidad de dejar pasar cuatro a seis años era perfectamente viable; se podía armar una rotación con un 30% de trigo y un 15% de legumbres sin competir por suelo”, concluyó, al destacar que estos cultivos representan una alternativa concreta para diversificar, mejorar la resiliencia y potenciar la rentabilidad de los sistemas productivos.

CONTEXTO INTERNACIONAL: NUEVAS OPORTUNIDADES PARA LAS LEGUMBRES
La segunda parte del panel estuvo a cargo del consultor Adrián Poletti, quien complementó el enfoque agronómico con un análisis del escenario comercial y financiero de las legumbres. Durante su exposición, repasó la situación de los principales países productores y consumidores, y explicó cómo las condiciones climáticas internacionales comenzaron a modificar el equilibrio entre oferta y demanda, generando oportunidades para la producción argentina.

El especialista señaló que distintos eventos climáticos afectaron a importantes regiones productoras del hemisferio norte. En ese sentido, mencionó las altas temperaturas registradas en Rusia y Estados Unidos, aunque puso el foco en la India, uno de los mayores consumidores mundiales de legumbres, donde las previsiones de un Monzón por debajo de los valores normales encendieron señales de alerta para la próxima campaña.

“Esa temporada de Monzón o de lluvias monsónicas estaba pronosticada que iba a ser menor a lo normal. Por lo tanto, las reservas de agua para la próxima campaña y la subsecuente producción de garbanzo se estimaba que iban a disminuir”, explicó Poletti. Según indicó, ese escenario llevó al gobierno indio a anticipar la apertura de su mercado mediante la reducción de los impuestos a la importación, con el objetivo de contener la inflación de los alimentos y asegurar el abastecimiento interno.

Asimismo, el consultor analizó el comportamiento de las variables climáticas a mediano plazo y advirtió que la continuidad del fenómeno El Niño podría generar nuevas complicaciones para la agricultura mundial hacia 2027.

“Eso sí podía empezar a generar problemas de no acumulación de agua en zonas productivas, golpes de calor y temperaturas extremas”, sostuvo, aunque aclaró que para la campaña en curso el principal desafío en Argentina seguía siendo el manejo de los excesos hídricos, una condición poco favorable para las legumbres de invierno.

LA LENTEJA, UNA OPORTUNIDAD ESTRATÉGICA
En otro tramo de su presentación, Poletti evaluó las posibilidades de incorporar nuevas especies al esquema productivo argentino, como el gandul (Pigeon Pea), habas o garbanzos del tipo desi. Sin embargo, señaló que se trata de mercados donde otros países, especialmente Australia, cuentan con una posición consolidada, lo que obliga a pensar estrategias diferenciadas para competir.

En el caso del gandul, propuso tomar como referencia la experiencia desarrollada en Brasil, donde este cultivo está logrando integrarse con los sistemas ganaderos. “Si hubiera una integración con la cadena forrajera podría ser una alternativa”, afirmó, al explicar que este modelo permitiría cosechar el grano cuando existiera demanda internacional o destinar el cultivo como recurso forrajero si las condiciones comerciales no resultaran favorables.

Como cierre de su exposición, Poletti sostuvo que Argentina debería concentrar sus esfuerzos en fortalecer aquellos cultivos donde ya posee experiencia productiva y capacidad de crecimiento. “Nosotros deberíamos concentrarnos en poder mejorar la oferta de lentejas, donde ya tenemos expertiz, tenemos áreas y tenemos necesidad de incorporar ese cultivo, que es un cultivo de alto valor”, expresó.

Finalmente, consideró que consolidar la producción de lentejas permitiría ampliar la participación del país en los mercados internacionales sin generar desequilibrios por sobreoferta, al tiempo que fortalecería la diversificación de los sistemas agrícolas y abriría nuevas oportunidades comerciales para los productores argentinos.