La Fundación Vida Silvestre Argentina y la Facultad de Agronomía de la UBA reunieron a investigadores, productores y especialistas para debatir los desafíos del manejo sostenible de estos ecosistemas, en el marco del Año Internacional de los Pastizales y los Pastores 2026.
¿Cómo producir y conservar los pastizales al mismo tiempo? Esa fue una de las preguntas centrales del encuentro “Voces de los pastizales: encuentro de saberes”, realizado el 23 de octubre en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), con la organización de Fundación Vida Silvestre Argentina y la propia facultad.
Las mesas abordaron experiencias y desafíos de las regiones Pampeana, Chaco Semiárido, NEA y Chaco Húmedo, Monte y Patagonia. Entre las principales conclusiones, se destacó que existen prácticas de manejo capaces de compatibilizar la producción ganadera con la conservación. También se señaló la importancia de evitar la conversión de los pastizales naturales en otros usos del suelo, una de las principales amenazas para estos ecosistemas. Para avanzar en ese sentido, se necesita acompañamiento técnico, diálogo con los productores, incentivos que reconozcan el valor de los sistemas productivos que cuidan la naturaleza y políticas públicas que promuevan estas prácticas a largo plazo.
“Podemos implementar modelos productivos y conservar la naturaleza”, afirmó Sebastián Fermani, director de Conservación de Fundación Vida Silvestre Argentina. “No hay mucho más que inventar sino que implementar lo que ya hemos estudiado, lo que ya venimos desarrollando”, agregó.
Fermani también destacó la importancia de reunir experiencias de distintas regiones: “Reunir las diferentes miradas desde una concepción federal es fundamental para discutir políticas compartidas que sean implementadas en toda Argentina”.
Del conocimiento al manejo en el territorio
El encuentro puso el foco en la necesidad de acercar la investigación a las decisiones cotidianas de producción. Ajustar la carga animal, flexibilizar el manejo y dar descansos a los pastizales fueron algunas de las prácticas abordadas, junto con la importancia de adaptar las estrategias a cada ambiente.
Sin embargo, las experiencias compartidas mostraron que las recomendaciones técnicas no alcanzan por sí solas. La adopción de nuevas prácticas también depende de las condiciones económicas, sociales y culturales de los productores, así como de la asistencia técnica y la planificación. En regiones como Chaco Semiárido, Monte y Patagonia, además, se destacó la necesidad de abordar los desafíos a escala territorial y considerar cuestiones como la tenencia de la tierra, el arraigo y el acceso a la educación.
Pablo Preliasco, especialista en ganadería sustentable de Fundación Vida Silvestre Argentina, subrayó el valor del intercambio entre distintos sectores. Señaló que compartir un espacio entre investigadores especializados en aves de pastizal y productores ganaderos permite generar nuevas ideas y propuestas para el futuro.
Preliasco también advirtió sobre la escasa visibilidad de estos ambientes: “Los pastizales en general tienen muy poca visibilidad, la gente no sabe lo que es un pastizal, sabe lo que es un bosque y no lo que es un pastizal”.
Otro de los desafíos planteados fue fortalecer la formación profesional en conservación y manejo sostenible. En paralelo, se destacó la posibilidad de generar incentivos y diferenciar los productos según cómo se producen, para reconocer a los sistemas ganaderos que contribuyen a conservar los pastizales y la variedad de plantas y animales que los habitan.
Durante la apertura, Adriana Rodríguez, decana de la FAUBA, remarcó la importancia de vincular la investigación con las dimensiones sociales y culturales de cada territorio. Natalia Huykman, responsable del área de Ambiente y Recursos Naturales de la FAO, destacó el aporte de estos ecosistemas a la seguridad alimentaria, los medios de vida rurales y la resiliencia climática.
Para Augusto Mazzucco, coordinador del Programa de Desarrollo Productivo Sustentable, la visibilidad también es clave: “En Argentina, estos ecosistemas permiten la coexistencia de la cultura, de la producción y también de la naturaleza”. Y agregó: “Son de los ecosistemas más productivos que tenemos y los menos protegidos”.
La conservación de los pastizales también es fundamental para proteger la biodiversidad, es decir, la variedad de seres vivos que habitan estos ambientes, desde las plantas nativas hasta las aves y los mamíferos, y las relaciones que existen entre ellos. Además, estos ecosistemas cumplen funciones esenciales, como contribuir a la regulación del agua, conservar los suelos y almacenar carbono.
El encuentro dejó planteado un desafío central: fortalecer el vínculo entre la investigación, la producción y las políticas públicas para avanzar hacia modelos ganaderos que permitan producir y, al mismo tiempo, conservar la naturaleza. Esto implica adaptar las prácticas a cada territorio, acompañar a los productores y generar condiciones que reconozcan el valor de cuidar los pastizales naturales, evitando su transformación en otros usos del suelo.



